Bueno, tres tres tres, no es que hayan sido. Hoy no hubo caravana desde el norte hacia el centro, así que no me fui en bici a la u. Pero si pensé mucho en la bici, espero que cuente. :)
Ya que no hay reseña del día de hoy, pasaré a la parte en la que les cuento las enseñanzas y cosas maravillosas que andar en bici me ha reportado. Y las no tan maravillosas. Planeo ser del todo sincera.
Empecemos por las no tan maravillosas. Primero que todo, darme cuenta en definitiva de mi pésimo estado físico. Recuerdo la primera vez que me fui a la universidad en bicicleta. Ese primer día de valentía y ferocidad, y decisión, de mi parte. Bueno, muy bonito y todo, pero llegué como un tomate a la clase de títulos valores, tarde, y aunque milagrosamente ese día no hicieron quiz, pues no fue cómodo ni chévere que un montón de gente se me quedara viendo como si fuera un extraterrestre. Después de semejante travesía, sentía los músculos blandengues y torpes. ¿Les ha pasado? A mi también, muchas veces, pero nunca con todo el día por delante. Eso no me gusto, y aún así no me di por aludida. Segundo, es horrible lo subvalorados que son los ciclistas urbanos, por todos los demás actores de la vía: carros, motos, peatones. Y eso sólo lo pude ver desde mi perspectiva pedaleadora. Peor aún, me di cuenta de que yo solía ser esa clase de persona, que gritaba a los "ciclistas atravesados", los criticaba, y no entendía. Ahora entiendo, y de hecho, me he cambiado por completo de bando. Creo que ahora no veo a las motos o a los carros como medios de transporte de PERSONAS, sino como máquinas que solo quieren hacerme daño cuando voy en bici. Otra perspectiva equivocada. Tarea: ser un poco más neutral y civilizada en ese sentido.
Otra cosa fea es la inseguridad que se percibe en ciertos lugares, a ciertas horas, cuando se pedalea. Y la inseguridad perpetua cuando se parquea la bici. Solo estoy tranquila de que la bici está donde la deje cuando la dejo en el cicloparqueadero de la universidad, o cuando la dejo en sitios cerrados, de amigos o familia, en general. En otros parqueaderos, nunca estoy tranquila, siempre tengo este miedo horrible a que me la roben. Creo que me pondría a llorar. Quiero a Flori, por muy raro que pueda sonar querer a un objeto. Cuando se pedalea, por otra parte, a mi nunca me ha pasado nada malo. Pero si he escuchado y leído montones de historias sobre robos a mano armada por parte de motociclistas, y hasta de otros ciclistas. Horrible. Se viola toda la filosofía de la bicicleta. Y lo peor, es que aunque son robos comunes, no son prioridad para las fuerzas públicas. Los ciclistas, de hecho, muy pocas veces son prioridad en las políticas públicas, cosa rara, dado al montón de beneficios que trae para combatir con la desigualdad social, y la movilidad de una ciudad como Bogotá.
En fin. Ahora las maravillosas. En este punto, siento que me repito una y otra vez. Y que repito una y otra vez a todos los demás que escriben al respecto. Es decir, ¿es que se puede agregar algo al hecho de que la bicicleta libera? Eso lo abarca todo, me parece a mi. Libera del estrés, libera de la monotonía, libera de los miedos y de la gente aburrida. Libera de los estereotipos, de las cosas tristes, y hasta de las felices (muy pocas veces, pero un poco de nostalgia también viene bien). Libera de encasillamientos, libera de chichoneras. Libera de la claustrofobia. De cosas que nos hacen miserables, como los pasados inquietos. Y montar en bicicleta es un generador de sonrisas de miedo. Por lo menos lo es para mi, que vivo en mi mundo la mitad del tiempo. Me divierten las cosas que pienso, y andar en bici me la oportunidad de esos momentos de soledad y de estupidez que a menudo extraño, al estudiar una carrera que lidia con muchas injusticias en el mundo, y que a veces me consume. Me gusta tanto esa sensación de brisa permanente, depende de mi. Y eso de moverse cuando uno quiere, si uno quiere. Que poderoso, ¿no? Me da mucho poder y control sobre mi vida. Aunque a veces el control se va, sobretodo en bicicleta. Hay baches en el camino, gente que sonríe, gente malhumorada. Creo que me he vuelto todavía más sensible.
Es tan bonito andar en bici. Debería ser un derecho humano (tranquilos abogados, no teorizaré al respecto). Todo el mundo debería tener alguna vez la oportunidad de hacerlo una vez. Y de volver a hacerlo, después de muchos años. La niñez (si esta fue la época afortunada de aprendizaje) volverá tan rápido que tumbará a quien lo intente. Los golpes y las caídas se sentirán otra vez. Y ser reconfortado por quienes nos enseñaron, y quienes nos impidieron darnos por vencidos.
Seguro que este tipo de sentimientos se relacionan con otras cosas, como el fútbol, o el patinaje. Habrán cosas especiales para cada uno. Siempre me soñé montando en bici al colegio, al trabajo. Haciendo mandados en bici, y nunca salí del parque que quedaba cerca a mi casa. Ahora hago mandados, voy a la u, ocasionalmente voy a ciclovía, voy a eventos de bicicletas divertidos, y conozco gente loca (siempre en el buen sentido de la palabra), que parece entender de que se trata la vida.
Me gusta. Y seguiré haciéndolo.
Este es un año melancólico, y hoy es un día melancólico. Vienen muchos finales para mi próximamente. Pero la bici, definitivamente no es uno de ellos. Si algo, es un principio. Siempre.
Muchas gracias a los que me han leído, a los que me leen, y a los que me leerán. (Dios, eso fue dramático, pero de verdad, gracias!).
Les dejo una canción increíble. "O que sera", en las voces mágicas de Mercedes Sosa y Daniela Mercury. El video es medio equis. No es mi culpa.


